Marcela Abedrapo: «Desde que asumió Carter ha tenido actitudes agresivas. Hemos presentado querella criminal»

Durante estos días circulo profúsamente un video en redes sociales en donde el alcalde de La Florida, Rodolfo Carter, ex UDI, insulta a la concejala de su comuna Marcela Abebrapo. En el registro, se observa al edil de la Derecha  señalando  textualmente “que no le sorprende la mala voluntad ni la mala intención permanente de la concejala Abedrapo, su maldad no tiene límites. El nivel de maldad, mala fe, veneno… usted es una mala persona”, expresiones que para muchos da cuenta de una actitud misógina.

Al respecto la concejala Marcela Aberdrapo denunció que desde que Rodolfo Carter asume como alcalde de La Florida siempre ha tenido actitudes agresivas hacia ciertos concejales que le han discutido ciertos temas o son contrarios a su línea política.

 

Asimismo, la concejala comunista explicó que la animosidad de Rodolfo Carter hacia ella se originó cuando dio a conocer en sus redes sociales algunas situaciones que el municipio quería mantener en secreto, con respecto a la forma en la que estaban trabajando los funcionarios municipales, en el contexto de la pandemia COVID-19.

 

Marcela Abedrapo acusó una actitud hipócrita de parte del alcalde La Florida pues insiste en manifestar públicamente  una imagen de simpatía  y bondad, pero en su gestión, maltrata habitualmente a concejales y funcionarios municipales, conducta errática que incluso puede representar, a su juicio y al  de algunos expertos,  una  personalidad esquizoide.

 

Junto con anunciar que presentará una querella por injurias y calumnias en contra del alcalde Carter, la concejala comunista Marcela Abedrapo adelantó  que ya se encuentran elaborando con los demás concejales de oposición, un documento que revela ante la Contraloría un nuevo capítulo  de manejos irregulares con recursos de la comuna por parte del edil de la Derecha.

 

Finamente, respecto de las duras descalificaciones que emitió en su contra el alcalde de la Florida, la concejala Adebrapo sostuvo que “cuando él dice ‘callen a esa mujer’ o ‘controlen a esa mujer’ lo hace porque cree que las mujeres no podemos hablar. Él cree que las mujeres no tenemos el derecho de expresarnos, menos el de expresarnos espontáneamente a lo que él ha planteado, lo cual revela a una persona muy machista, muy misógina, una persona que no ha entendido el respeto que tenemos que tener entre los géneros, concluyó.

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La declaración del área de género del PC [Descargar PDF] edc-convertido.pdf




«La patología del mandatario» una columna de Sergio Reyes Tapia

Por: Sergio Reyes Tapia / Periodista / Editor general de prensa radio Nuevo Mundo.

Una vez más, la máxima autoridad del país trata de minimizar el impacto político-comunicacional de su discurso machista. Como si sus “chistes” tan recurrentes no tuvieran un impacto negativo en la sociedad, alega y dice: “que ahora no se puede decir nada a nadie. Nos estamos poniendo demasiados serios”, advierte.

El “inocente” de Piñera molesto dice que: “lo importante es que la relación entre los seres humanos no se transforme en algo tan formal, como si fuéramos extraños, desconocidos”, en otras palabras vendrán más de sus chistes machistas.

Lo que está haciendo el mandatario es poner en duda los hechos de violencia, más allá de su interpretación legítima. Piñera devela que no cree en la existencia misma de la violencia de género.

Piñera no debe justificar con sus desacreditaciones y opiniones el dolor, en forma física y sicológica, de la violencia que han vivido las mujeres a lo largo de la historia. Piñera desacredita los hechos con sus meras opiniones interpretativas.

La acción de Piñera muestra que posee un síntoma patológico, el cual tiene relación con otro hecho que por estos días ha sido tema de las agrupaciones defensoras de los Derechos Humanos y víctimas de la dictadura: el negacionismo histórico.

Efectivamente, en este tema de la violencia del Estado en dictadura, y hoy la violencia del jefe del Estado en sus chistes machistas, se dan las correspondencias de graves desacreditaciones del reclamo ciudadano al verse vulnerados sus derechos.

Piñera, la dictadura y la derecha, están acostumbrados a anular hechos graves que han ocurrido y están ocurriendo, y con declaraciones como: “que economía tan grande” de Pinochet o, “ya no se puede decir nada”, de Piñera, simplemente amplían las distancias para rechazar la violencia en contra del otro.

Si las mujeres del pasado criticaron a la dictadura, y las mujeres del presente critican a Piñera, es porque ejercen su derecho de elegir. Y ellas eligieron un país sin detenidos desaparecidos, y hoy eligen un país con menos crímenes en la relación de violencia intra-familiar.

Al elegir, advierten a Piñera, que colocar a las mujeres como cosas no son actos de creatividad o de iluminación como cree el mandatario, sino más bien es un negacionismo histórico. Ellas le advierten a Piñera de su encierro patológico destacado en la eterna sospecha, la misma de Pinochet.

El régimen de comunicación de Piñera no está en sintonía con su tiempo, y son las organizaciones feministas y ciudadanas quienes una vez más le recuerdan a Piñera que su viejo esquema de acción es calcado de la dictadura y debe terminar.

Piñera no debe seguir en su afán de reducir las políticas públicas hacia las mujeres en base a sus cálculos de intereses machistas, y que son medidos con esa vara mezquina.

El mandatario debe detener ese tipo jerárquico de construcción de la sociedad, que camuflada en las nuevas tecnologías de comunicación supuestamente horizontales, pretende, como señala Chantal Mouffe, crear ese terreno propicio para los movimientos políticos de extrema derecha, los mismos que mandan a un rincón a las mujeres.

Piñera prepara ese camino con su negacionismo histórico reafirmando identidades nacionales, reafirmando identidades de los buenos y los malos, religiosas u otras, y subvalorando el papel ciudadano, el papel de los movimientos sociales y el rol de la mujer, el mismo desprecio que se le ha visto al presidente electo de Brasil Jair Bolsonaro.




«El discurso político del gobierno: Medallas o pololas» una columna de Sergio Reyes Tapia

Hemos visto a la ministra vocera de gobierno Cecilia Pérez en un punto de prensa defendiendo y justificando las nuevas descalificaciones que hace el mandatario en contra de las mujeres. La situación ofensiva ocurrió cuando Piñera felicita al atleta Tomás González, y rebaja los éxitos deportivos del gimnasta a un mero trofeo de cantidad de mujeres poseídas por éste.

(Puedes también escuchar la columna aquí):

 

¿Cómo se explica que la vocera de gobierno, quien ha sufrido el constante matonaje del machismo, se sienta en la obligación de respaldar y justificar a Piñera en ese chiste machista?

Una explicación para entender a la ministra podría ser que Piñera en su aprendizaje diario de asociación de ideas, recibe las señales del ambiente, y éstas las traduce sólo para afianzar la regla machista, de la que Cecilia Pérez, podría adscribir encubiertamente.

Pero más allá de aquello, la ministra Pérez cumple muy bien su cometido de defensa de Piñera ante la prensa, porque trata de articular un pensamiento normal, obviando los dichos del mandatario y contraponiéndolos con posibles acciones futuras del Ejecutivo en aparente beneficio de las mujeres.

De esta manera, la vocera coloca y maneja signos lingüísticos que sientan otras premisas quedando el machismo presidencial en suspenso y perdiéndose en el aire, en la ilusión y en la expectativa creada, en este caso con el proyecto del gobierno de la Agenda de la Mujer.

Lamentablemente lo que hace la ministra Cecilia Pérez es enmascarar el estado real de las cosas al defender a Piñera, perjudicando enormemente a sus pares: las mujeres; y de paso, minimizando la Agenda de Género que el gobierno deberá implementar.

Al respecto y en términos generales Slavoj Zizek, lo dice claramente: la ideología derechista es experta en ofrecer a la gente la debilidad o la culpa como un rasgo de identificación; encontramos trazas de ello hasta en la comunicación política de Hitler.

Recordemos que la gente se identificaba con los estallidos histéricos de rabia impotente de Hitler. Hoy, algunos reconocen  esas “piñericosas”, como histeria de rabia, que con nombre inocente –piñericosas- el mandatario termina ocultando esa mirada de poder en “la otra”, y en “nuestras mujeres”, las que son diariamente violentadas, incluso por él.

Esas piñericosas que protege la vocera, no son ni más ni menos que la ayuda para encubrir al machista que el gobierno posee y lleva en sí, y que buscan sea amable. La vocera trata de ocultar esos rasgos violentos.

Lamentablemente de esos rasgos que tratan de esconder incluso la primera dama podría dar fe, quien sonrojada ha debido resignarse públicamente de los chistes del marido machista presidente.

La vocera debe recordar que la ex senadora Lily Pérez arremetió contra el machismo de “Chile Vamos”, y especialmente dedicó algunas palabras a Piñera, a quien reconoció como una persona que no es feminista, al contrario, señaló.

La vocera, quien hace un muy buen trabajo desde el punto de vista de blindar comunicacionalmente al mandatario, debe recordar que también hizo lo mismo cuando Pablo Zalaquett era alcalde de La Florida, y ella su concejala más cercana; y como tal defendiendo lo injustificable.

Esa torpe defensa que hizo Cecilia Pérez a favor de Zalaquett en La Florida, fue prevenida por algunos cronistas quienes recibieron un llamado telefónico de la actual ministra para rechazar los avances en sus tareas profesionales.

A pesar de lo dicho, esperamos que la vocera no se identifique con esa imagen patriarcal de Piñera, reproduciéndolo en la similitud, y menos que lo conciba y trate de ser como él, porque la imitación elude la semejanza, o afinidad.

Si las cosas son así, el proyecto de agenda de la mujer del gobierno sólo sería un slogan, un desvío para la profundización del sistema neoliberal; que es un sistema patriarcal y machista por excelencia.




«La punzante costilla de Piñera en las demandas femeninas» una columna de Sergio Reyes Tapia

Escuche online la columna:

 

Quién mejor que Sebastián Piñera para no entender a las mujeres, tras ese aire mesiánico que resalta en sus chistes machistas. Así por lo menos lo han señalado las personas que se han movilizado en las calles de Santiago.

Piñera denota en sus discursos  políticos-ideológicos los aspectos de propiedad y posesión  sobre “las otras” al referirse a las mujeres como “nuestras mujeres”, manteniendo los espacios de significación y de poder que las jóvenes repudian, y por lo que están luchando.

Así Piñera vuelve a confundir su rol y el de las mujeres en el hacer social y político, y sitúa a la mujer como un apéndice del hombre, o la mítica costilla de Adán.

Lo anterior saltó a la vista cuando el mandatario increpó a la presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández, tras la cuenta pública. Piñera trató de relegar a la diputada en su condición de mujer, a la categoría de “creada”, y factible de volver a ser moldeada para recién ser escuchada.

Y cuando Piñera pretende moldear a la parlamentaria, y a través de ella a todas “nuestras mujeres”, y “a las otras”, lo que intenta hacer es “repararlas”, es decir, sacarlas del status de pertenencia, de dominio y de subjetividades que estas poseen. Por eso Piñera y su gobierno no pueden ni podrán insuflar las confianzas a los movimientos sociales feministas, porque a entender del gobierno, es el hombre quien detenta el poder, las subjetividades y no las mujeres.

Así queda claro que Piñera busca sabotear los intentos de las mujeres en sus tareas de libertad, de acceso a las decisiones, de acceso al poder. Lo que se pretende desde el gobierno es reconstruir las placentas para mantener el statu quo.

Tras este diagnóstico, nos quedan los espacios desgarrados de las mujeres que todos debemos recomponer, y no pretender recuperar los mínimos de machismo inculcados de nuestro propio producto que nos produce en tanto “Hombre”.

Edgar Morin lo manifestó de alguna forma cuando señaló que “todo lo que no se regenera, degenera”, es decir, nuestra convivencia humana debe necesariamente pasar por estos procesos, incluso si se quiere inverso; degenerándose para regenerarse, pero no pretender que el conservadurismo político, al que adscribe el mandatario, detenga los procesos sociales, en este caso el feminismo.

Piñera debe abandonar ese lenguaje de muerte que hace desaparecer la condición femenina y que permite y mantiene la constante inestabilidad entre el hombre y la mujer. Este no permite el crecimiento de la mujer en su condición.

Debemos abatir esos espacios que históricamente nos han permitido crecer y vivir de un “modo tal”, debemos dejar esos espacios, esas maneras, como lo aventuró Heidegger, en “ser para la muerte”; es decir aquello que nos mantiene en conexión con esos “modos”.

Por tanto, y ante el nuevo arrojo de libertad de las mujeres, Piñera, su gobierno y sus leyes, no pueden encadenar al Prometeo que ellas representan y apagar la luz de leyes sociales que venían en marcha, como el aborto en las tres causales.

Piñera no puede expulsar a las mujeres del “paraíso” de sus demandas. Las mujeres no lo permitirán.