“Detengan la Prensa”

sergiocariPor: Sergio Reyes / Periodista

La presidenta de Brasil Dilma Rousseff comprendió que querellarse en contra de los medios de comunicación que tienen intenciones políticas de desestabilización es fundamental, y por tanto, siguió esta semana el mismo camino que la presidenta Bachelet, se querelló contra O´globo.

Lo anterior es básico para guardar las buenas relaciones entre los gobernantes, y cierta prensa, la que ha tenido últimamente inmunidad en el continente, porque más que investigar e informar, ha tomado el rol de juez y ha condenado u honrado a quienes ella apunta, siempre con predilección política.

En este sentido, para nadie es novedad que en comunicaciones, la descripción periodística produce lo que describe, y claramente en el caso Caval, tema que levantó una vez más la revista “Qué Pasa”, hubo una descripción de un acto que supuestamente provocó la presidenta Bachelet.

Sobre la descripción, es necesario decir que el lenguaje además de ser connotativo, constatativo, es performativo, es decir, quien describe puede perfectamente ejercer una acción, en este caso la revista describió una acción y la ejecutó en contra de la mandataria. ¿Qué acción política quiso instalar la revista Qué Pasa?, sólo ellos lo saben.

Así las cosas, producto comunicacional elaborado por la revista, la opinión pública recibió aquella descripción como un hecho tácito, objetivo, como una acción ejecutada realmente por la presidenta Bachelet, porque simplemente está validado por un medio de comunicación, que es un referente de verificación social, y por eso es creíble, y por eso existen.

Aunque después se supo que la revista no verificó la escucha telefónica. En otras palabras, la revista “Qué Pasa”, mediante su acto, sólo validó las declaraciones, ahora comprobadas mentirosas, del operador político de la UDI Juan Díaz, en contra de Bachelet.

Además, mediante la edición, (acto performativo) la revista encontró otras opciones de ejecutar validaciones comunicacionales con intenciones políticas, tanto a favor de la propia revista, y por supuesto en contra de la presidenta.

Lo anterior es fundamental porque se trata de dar mayor fuerza sólo a los argumentos de Juan Díaz, con una edición que finalmente al ser leída, se entiende una responsabilidad de ilícito de la mandataria.