Mi semana con Marilyn

 Por JOBLAR:

Murió el 5 de agosto de 1962 (hace exactamente medio siglo) y había cumplido 36 años el 1º de junio. Por eso es que la recordamos siempre así: joven, curvilínea y seductora.

Norma Jeane Baker, más conocida como Marilyn Monroe, no ha podido ser substituida por ninguna otra actriz o cantante, a pesar de los intentos de imitarla o de tratar de crear un nuevo mito (Madonna, por ejemplo). Ya en vida, hubo rubias escandalosas que aparecieron como malas copias: Jayne Mansfield, Mamie Van Doren, Diana Dors. Otras brillaron con luz propia por un tiempo para luego apagarse, aunque sigan con vida, como Brigitte Bardot.

Esta película de Simon Curtis se basa en un libro autobiográfico de Colin Clark, un joven de la nobleza británica, que había querido trabajar como tercer asistente de producción y que, en 1956, cuando tenía 23 años, conoció a la Monroe durante la filmación de El príncipe y la corista, dirigida y actuada por Sir Laurence Olivier.

Con aire de fábula, la cinta nos muestra a una eterna jovencita con grandes carencias afectivas, que tiene en el velador una foto de su madre y una de Abraham Lincoln, porque podría ser su padre en vista de que nunca conoció al verdadero. Viviendo su tercer matrimonio, nada menos que con el famoso dramaturgo Arthur Miller, y alimentada con barbitúricos aparece como una persona irresponsable, inconstante y exhibicionista.

Lo que queda en claro es que Marilyn necesitaba sentirse deseada por los hombres, quería que todos se enamoraran de ella y lo conseguía, recurriendo a todos los trucos posibles. Su juego de niña perversa aparece como una verdadera deontología: ¡todos tenían que desearla para poder desecharlos más tarde!

La Marilyn de este filme es un objeto sexual que genera dinero para ella y para los productores. Por ello está siempre actuando  El joven Clark (Eddie Redmayne), que incluso acaba de iniciar una relación sentimental con una vestuarista (Emily Watson), cae en parte en la trampa, enamorándose, pero también sientiendo lástima por esa mujer a la que le gusta ser utilizada. Tiene el privilegio de verla desnuda, de bañarse con ella en un laguito y también de compartir su lecho de enferma. Ella, por su parte, puede entrar al exclusivo Eaton College y al castillo de Windsor, donde un tío de Colin es el bibliotecario.

Vivien Leigh (Julia Ormond), que viene saliendo del gran éxito de Lo que el viento se llevó, reconoce que ella está envejeciendo y que la olvidarán. Por otro lado, como esposa de Olivier, siente naturales celos por la presencia de esa “enemiga” tan peligrosa, pero con su flema inglesa se limita a pedirle a Clark que vigile la situación.

Por su parte, el gran Laurence (interpretado magistralmente por el shakesperiano director y actor Kenneth Branagh) no cae en las redes de Marilyn, pero se plantea otros problemas: la nueva forma de hacer cine y el fin del gran teatro académico.

Un párrafo aparte merece la actuación de Michelle Williams, que está sencillamente extraordinaria. Los que la habíamos visto en El secreto de la montaña, El engaño, Blue Valentine o La isla siniestra tal vez nunca la encontramos parecida a Marilyn, pero aquí es ella sin duda. Incluso la estatura la favorece, porque con su metro y 63 centímetros está cerca del metro y 66 de la diva.

 

(My Week with Marilyn. Gran Bretaña/USA, 2011).


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